EL DESTINO
Mi arteria aorta,
la que me impulsó hacia lo desconocido,
me llenó de vida
para llenar mi corazón de emociones
y a mi mente de recuerdos.
Sus hojas me soplaron
un halo de esperanza y fuerza
un halo de esperanza y fuerza
para afrontar las piedras del camino.
Sus ramas me abrazan y reconfortan
cuando me siento perdida.
Mis pasos se cruzaban
con las pisadas de otras personas.
con las pisadas de otras personas.
Entre miradas, risas y palabras;
unas decidían unirse a mi caminar y, otras,
continuaban hacia su destino.
Llegado el fin del sendero,
donde la luz me esperaba,
eché la vista atrás
y agradecí sin palabras
y agradecí sin palabras
y sonriendo con el alma,
a pesar de las lágrimas que,
empujadas por la gravedad,
chocaban con la madre tierra.

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